Dos manos y un nudo
Dos manos sedientas del alma de la otra,
sosteniendo el temblor de la incertidumbre.
Una es el eco del susurro del viento,
la otra un faro en la oscuridad del sendero.
Ambas entrelazadas en un baile eterno,
donde el tiempo se detiene entre sus dedos.
Dos manos, dos manos unidas por una soga que duele y sostiene
marcadas por una lucha constante,
llevan el peso del otro, cada tirón una súplica,
cada afloje un suspiro.
Una cuerda que los mantiene juntos,
no por obligación, sino por elección compartida.
Dos manos sin un punto de despedida
unidas sin saber que girar en el mundo de la otra dependía
por un nudo que su fuerza dejaría una huella.

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